domingo, 6 de enero de 2013

COMILLAS

Un paseo: según se encuentre el viajero así hará, porque tiene para elegir el alto y el llano, que se ven el uno desde el otro. Se recomienda empezar por las playas, sobre todo si están despejadas de gente, y continuar subiendo hacia los promontorios donde hay con qué regalarse la vista.
Un restaurante: si a uno le llega la hora de comer y es pleno invierno, concretamente dos de enero, fechas de descanso para los restaurantes, lo normal es que tenga que conformarse con un menú del día, aunque podrá deleitarse con un cocido montañés de plato único a buen precio en El Pazo, donde nadie se ha quedado con hambre nunca.
Una visita: el viajero tiene experiencia en esto, así que recomienda que, si se ha comido mucho, se hagan las visitas antes. Una vez dicho, todos estarán de acuerdo con que El Capricho de Gaudí es el objetivo. La envidia es muy mala.
Un recuerdo: aunque es arriesgado, llevarse algo de este palacete de veraneo sería una manera de decirle al propietario que nos ha gustado, así que, por qué no llevarse uno de los emblemas de la casa.

SANTILLANA DEL MAR

Un paseo: la propia localidad, por su tamaño, se presta bien para ejercitar las piernas, pero no se confunda el viajero, que no es llana. Tampoco es marinera o santa, pero no le hace falta.

Un restaurante: refigiándose de la lluvia de enero, uno se metió por la trasera de un bar y descubrió que era nada más y nada menos que el Hotel Altamira, donde las rabas son muy correctas, igual que el vino, que no pudo probar porque conducía. El Parador tampoco tenía mala pinta, pese a estar de huelga por entonces.
Una visita: el que venga hasta aquí y no se pase por el Museo de Altamira es que no se ha enterado de nada o su escolarización fue precaria. Aunque son réplicas del original, las explicaciones son acertadas.
Un recuerdo: una prueba de pericia sería llevarse a casa la tétrica imagen que sobresale por encima del muro que encierra las "joyas" del Museo de la Inquisición -¡hay que ver!- o del Museo de la Tortura -como si no fueran lo mismo-. Si no, también podemos guardar en la memoria, aunque el viajero no es partidario de pagar por entrar a templos, los arcos del claustro de la Colegiata.

LAREDO

Un paseo: otra cosa no, pero pasear es algo que se puede hacer hasta caer rendido, sobre todo el primero de enero, porque la gente parece estar dormida o incluso fuera de la localidad, lo que nos deja en exclusiva lo largo y ancho de la línea de costa.

Un restaurante: al viajero le hablaron de varios restaurantes de los que no puede dar fe sino por lo que otros dijeron, pero sí probó uno del que da fe y que era el único abierto el día de año nuevo, La Cabaña, donde comió una hamburguesa copiosa y bien aderezada. También le sumó un verdejo y unas anchoas.

Una visita: si uno es de monumentos, algunos hay en esta ciudad balnearia, pero al viajero le llamó la atención el centro cultural Doctor Velasco, en pleno centro, y que parecía cumplir con su cometido.

Un recuerdo: el enigma de la ciudad es identificar de dónde viene ese olor a canela, regaliz y otros perfumes que viene de las dunas.

LUGO

Un paseo : La tranquila y casi peatonal capital lucense le ofrece al viajero todo lo que necesita para recordar que es posible despatarrars...