lunes, 6 de enero de 2014

LA CORUÑA

Un paseo: El viajero escuchó en "La Coru", y era verdad, que si el tiempo no estaba para pasear, solo había que esperar un rato. Para los menos andariegos, se recomienda seguir la línea de la playa de Riazor, por la arena o por el paseo, pero quienes prefieran dejarse azotar por el viento atlántico, que se animen a subir a la Torre de Hércules, desde donde se domina el horizonte y, según se dice, se ve América, en días claros, desde luego. Suele dar hambre luego, así que mejor es desayunar.
Un restaurante: Ausente de Galicia durante años, el viajero recordaba aún los mariscos y las comilonas, y alguna se dio, sobre todo en El Ensanche, donde probó unos chicharrones deliciosos que hubo de digerir con una copa en Marita Ron. Pero se encaprichó con el pulpo, de modo que se dejó sugerir por el saber local, y así llegó a A Pulpeira de Melide. ¡Sabia decisión!

Una visita: Si el viajero no ha entrado a ver el faro, muy cerca puede dejarse sorprender por dos cosas bien distintas: el parque de menhires y las focas del Acuario Finisterrae, que nadan a su aire ajenas a las olas. Pero tal vez la mejor visita está en el interior de las callejuelas, donde uno podría encontrarse con los juegos de magia de D. Maestro o las notas desenfadadas del grupo Rúa Pum.

Un recuerdo: Al viajero le habían hablado de magia, y la encontró; de música, y también; de climas cambiantes, y vaya si lo comprobó (sobre todo despegando en plena ráfaga de viento). Mucho escuchó de sabores, y los probó todos, pero se quedará para siempre con dos, no por humildes menos valiosos: el pan y las patatas. ¡Ay, calidade! ¿Oíste?

LUGO

Un paseo : La tranquila y casi peatonal capital lucense le ofrece al viajero todo lo que necesita para recordar que es posible despatarrars...