lunes, 3 de agosto de 2015

GALWAY

Un paseo: Esta apacible ciudad portuaria y costera se transforma en verano, sobre todo cuando llegan las carreras y el Ladies Day, una especie de carnaval vestimentario y etílico. Cuando las calles están despejadas, el viajero tiene una caminata placentera por el centro, aunque también puede recorrer el paseo marítimo bien provisto de su impermeable y sus gafas de sol por si tiene un cambio de estación cada dos horas.

Un restaurante: Con una oferta muy amplia, como corresponde a las ciudades balnearias, Galway City tiene la virtud de satisfacer el apetito de todos, ya sea goloso como en el Sheridans Cheesemongers, con sus vinos, quesos y charcutería, curioso, como en el hispano-irlandés Cava Bodega, con sus pinchos de autor, o tradicional como en The Dáil, donde la Chawder es un cuenco de salud para el viajero. Además, estos dos últimos tienen WiFi...

Una visita: Algunos se atreven a entrar en el Museo del Claddagh, una joya algo sobrevalorada, pero el viajero prefirió acercarse a la muralla, al Spanish Arch, y continuar viendo la procelosa corriente de agua que se vierte en el océano bajo puentes y puentes.

Un recuerdo: Francamente, el viajero no puede sino recordar los trajes de gala de las gentes de aquí y su aparente naturalidad en el exceso de color y en la combinación de prendas. No ocurre todos los días, pero si uno coincide con las carreras en julio, dará por bueno el suplemento en los precios de alojamientos si a cambio puede ver un paisanaje como el de Galway.

domingo, 2 de agosto de 2015

DUBLÍN

Un paseo: Llueva o sople el viento, que nadie deje de recorrer las calles de esta ciudad en cuyas calles siempre hay recodos por los que colarse y recobrar fuerzas con una cerveza local. Si se prefiere a pie por Temple Bar, fabuloso, porque puede ser una muestra de la ciudad tradicional. Pero si se quiere pedalear, la ciudad ofrece un servicio de préstamo de bicicletas muy eficaz. Otra opción es realizar una visita con los guías Sandemans, que no tienen precio pactado, pero sí mucho valor. Y si queremos volver a Dublín, hay que posar las manos sobre el busto de la generosa Molly Malone.

Un restaurante: Una de las cosas que el viajero aprecia es poder comer de todo a cualquier hora, cosa que su endocrino le reprocha, pero un hedonista es como es. Dublín tiene esa opción, y por eso es difícil decantarse por un solo local, de modo que ahí van las propuestas: Nancy Hands, un pub de siempre con buenos precios y mejor cocina, y el delicioso Boxty House, donde nadie puede perderse el poderoso trío Stew Platter... ¡Ay, qué placer!

Una visita: Mucho consideran obligatorio pasarse por la fábrica de Guinness, y seguramente acierten, pero el viajero, tentado por las curiosidades, prefirió un coqueto mercado de George's Street Arcade, una isla en medio de todo.

Un recuerdo: El mejor recuerdo de Dublín es la propia ciudad, es cierto que algo cara, pero con eso que pocas tienen y que la hacen única. Huyendo del calor estepario, el viajero encontró, además de un curioso trébol, un verano fresquito, y eso se llevará en la memoria. ¡Qué suerte!

OSLO

Un paseo: Esta ciudad se visita a pie, lo que la convierte en un agradable destino, y las cuestas que la rodean se alcanzan con el tranvía....