viernes, 29 de julio de 2016

ELIZONDO

Un paseo: La capital del valle del Baztán puede tener a gala presidir una comarca apacible que le da al viajero lo que el viajero busca, y si no, a cuarto de hora lo encontrará en cualquiera de los pueblos próximos como Zugarramurdi, Irurita, Amaiur... Tiene Elizondo una curiosa fiesta en verano, la baztandarren biltzarra, en que un desfile de carrozas pone color y sonido a las calles. Si no somos amantes del folclore, tal vez nos resulte algo particular.
Una visita: La ciudad en sí misma y todo el valle ya son suficiente reclamo para quien desee gozar de buenas vistas, pero para perfiles más inquietos se propone pasar por el Museo Etnográfico, con una colección de pintura y un catálogo de singularidades locales. Tampoco está mal el Museo Santxotena al aire libre. A tiro de piedra de Elizondo se encuentra el Molino de Urdazubi, todo un descubrimiento para los ojos urbanos.
Un restaurante: Por oferta no será, ni por buenos precios, si el viajero se queda con hambre. Buena carne, buen pescado, buena tortilla..., es como si Elizondo significara algo así como "donde se come bien y barato". De entre tantas opciones nos quedaremos con Santxotena, un asador con carta amplia y servicio atento y sonriente. No dejen de peir el solomillo del Baztán o el Txangurro, todo ello regado con tinto navarro.
Un recuerdo: Salvo las piernas cansadas de tanto andar, el viajero se llevará del valle del Baztán buenas impresiones, sabores recios y ganas de volver. Y a veces no podrá quitarse de la cabeza ese tintineo que durante todo el día y toda la noche sonaba cerca de casa, incluso bajo la propia ventana...

martes, 12 de julio de 2016

LA ROCHELLE

Un paseo: Ciudad menuda y fresquita, La Rochelle tiene mucho que pasear entre las calles del interior y la zona del puerto. Huyendo de los calores, el viajero se introdujo por las calles porticadas del centro y descubrió una calma impagable, pero luego se fue hacia el mar donde todo era agitación y brisa marina. Nada más y nada menos.
Una visita: Si se dispone de tiempo, no sería mala idea cruzar el puente que lleva a la Isla de Ré, un enclave de reposo vacacional pero con buena oferta para el viajero indolente. Basta con subirse al autobús 3A en la estación y dejarse llevar.
Un restaurante: Tan cerca del mar, quién no va a darse el gustazo de un plato de pescado. Pues en Le Bistrot des Pêcheurs, con terraza al puerto, se puede probar un carpaccio de emperador a buen precio.

Un recuerdo: Que me perdonen los alérgicos al polen, pero qué bien huele esta ciudad a flores de tilo en pleno verano. Un recuerdo imborrable.

BURDEOS (BORDEAUX)

Un paseo: Burdeos tiene la facilidad de ser llana, y eso lo agradece el viajero de a pie. Esta ciudad tiene mucha variedad de espacios, desde las tradicionales calles señoriales hasta los arrabales más agitados, y todo ello en un ambiente apacible, muy meridional.
Una visita: Los amantes del vino tendrán en la capital girondina un motivo para considerar cada bodega una visita, o incluso podría interesarles la Cité du Vin, pero si se quiere ir más allá, habrá que prever un saltito a Saint Émilion, una ciudad impresionante. El viajero también recomienda acercarse a Pessac en autobús para admirar la Cité Frugès donde Le Corbusier construyó un espacio residencial vanguardista. Toda una sorpresa.
Un restaurante: Todo lo que el paladar desea y los médicos persiguen se encuentra en Aquitania, de modo que no le demos más vueltas y démosle al cuerpo lo suyo y dejémonos seducir por los encantos del pato. Para bolsillos modestos tenemos La Table Bordelaise, un pequeño local con grandes encantos.
Un recuerdo: Sería impropio no llevarse como recuerdo algo que no estuviera relacionado con el vino, desde una botella de tinto hasta un corcho de ese mismo caldo local. Un sitio para volver, sobre todo en compañía de buenos amigos.

OSLO

Un paseo: Esta ciudad se visita a pie, lo que la convierte en un agradable destino, y las cuestas que la rodean se alcanzan con el tranvía....