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LA CORUÑA

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Un paseo: El viajero escuchó en "La Coru", y era verdad, que si el tiempo no estaba para pasear, solo había que esperar un rato. Para los menos andariegos, se recomienda seguir la línea de la playa de Riazor , por la arena o por el paseo, pero quienes prefieran dejarse azotar por el viento atlántico, que se animen a subir a la Torre de Hércules , desde donde se domina el horizonte y, según se dice, se ve América, en días claros, desde luego. Suele dar hambre luego, así que mejor es desayunar. Un restaurante: Ausente de Galicia durante años, el viajero recordaba aún los mariscos y las comilonas, y alguna se dio, sobre todo en El Ensanche , donde probó unos chicharrones deliciosos que hubo de digerir con una copa en Marita Ron . Pero se encaprichó con el pulpo, de modo que se dejó sugerir por el saber local, y así llegó a A Pulpeira de Melide . ¡Sabia decisión! Una visita: Si el viajero no ha entrado a ver el faro, muy cerca puede dejarse sorprender por dos cosas b...

OPORTO

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Un paseo: el viajero recuerda que esta ciudad no es llana, por lo que quienes anden cortos de tesón deberían irse por la orillita del Duero hasta las playas de su desembocadura (12 kilómetros), para lo que es recomendable un tramito en el tranvía número 1 . Más llano aún es la superficie del agua, y para eso un crucerito puede ser una opción. Sin embargo, para aquellos que aún conservan la firmeza o la testarudez, no hay mejor caminar que por dentro de las tripas de Oporto, por sus barrios más populares donde a pesar de las fachadas ajadas siempre cuelga ropa que huele a limpio. Se comprenderá fácilmente que sea patrimonio de la humanidad. Un restaurante: a poco que se elija bien, lo importante no sería el lugar sino el plato, así que bastaría con localizar por el olor un buen pulpo a la brasa o unos callos al estilo portuense. En A Tasquinha hay de eso, y en Antunes . Pero el viajero tiene una especial predilección por la cocina ciudadana, y entonces habrá que ir al mod...

SALAMANCA

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Un paseo: decíamos ayer que esta ciudad, tan limpita y aseada merece cualquier dolor de pies, así que, ya sea alrededor de la almendra, de puente en puente o hacia arriba, desde el Tormes hasta la Plaza Mayor, hay que hacer buena la divisa del viajero slow y honrar a Salamanca como es debido. Si, como muchos, hemos elegido el Parador para pernoctar, entonces el paseo es obligado. Un restaurante: una de las consecuencias de tanto caminar es que el cuerpo pide recambio. Por suerte se encuentra de todo, incluso de tapeo, como en El Reloj , un bar con huevos rotos muy aconsejables. Los embutidos y jamones no deben hacer sombra a otros manjares, como el arroz con liebre del Montero o los conmovedores tostones como el que presidió la mesa del viajero en el restaurante Cervantes . Una visita: oculto tras las piedras salmantinas, tan clericales ellas y tan monárquicas, el viajero podrá salirse del tradicional recorrido de fachadas y conventos, de ranitas y onanistas , para ...

COMILLAS

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Un paseo: según se encuentre el viajero así hará, porque tiene para elegir el alto y el llano, que se ven el uno desde el otro. Se recomienda empezar por las playas, sobre todo si están despejadas de gente, y continuar subiendo hacia los promontorios donde hay con qué regalarse la vista. Un restaurante: si a uno le llega la hora de comer y es pleno invierno, concretamente dos de enero, fechas de descanso para los restaurantes , lo normal es que tenga que conformarse con un menú del día, aunque podrá deleitarse con un cocido montañés de plato único a buen precio en El Pazo, donde nadie se ha quedado con hambre nunca. Una visita: el viajero tiene experiencia en esto, así que recomienda que, si se ha comido mucho, se hagan las visitas antes. Una vez dicho, todos estarán de acuerdo con que El Capricho de Gaudí es el objetivo. La envidia es muy mala. Un recuerdo: aunque es arriesgado, llevarse algo de este palacete de veraneo sería una manera de decirle al propietario que n...

SANTILLANA DEL MAR

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Un paseo: la propia localidad , por su tamaño, se presta bien para ejercitar las piernas, pero no se confunda el viajero, que no es llana. Tampoco es marinera o santa, pero no le hace falta. Un restaurante: refigiándose de la lluvia de enero, uno se metió por la trasera de un bar y descubrió que era nada más y nada menos que el Hotel Altamira , donde las rabas son muy correctas, igual que el vino, que no pudo probar porque conducía. El Parador tampoco tenía mala pinta, pese a estar de huelga por entonces. Una visita: el que venga hasta aquí y no se pase por el Museo de Altamira es que no se ha enterado de nada o su escolarización fue precaria. Aunque son réplicas del original, las explicaciones son acertadas. Un recuerdo: una prueba de pericia sería llevarse a casa la tétrica imagen que sobresale por encima del muro que encierra las "joyas" del Museo de la Inquisición -¡hay que ver!- o del Museo de la Tortura -como si no fueran lo mismo-. Si no, tam...

LAREDO

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Un paseo: otra cosa no, pero pasear es algo que se puede hacer hasta caer rendido, sobre todo el primero de enero, porque la gente parece estar dormida o incluso fuera de la localidad, lo que nos deja en exclusiva lo largo y ancho de la línea de costa. Un restaurante: Al viajero le hablaron bien de varios restaurantes  locales, pero de entre todos prefirió la mesa de La Casona , un sitio donde reina el cocido montañés y los buenos precios. Tampoco debemos olvidar los bocados del mar venidos de la vecina Santoña. Una visita: Si uno es de monumentos, algunos hay en esta ciudad balnearia, pero al viajero le llamó la atención el centro cultural Doctor Velasco , en pleno centro, y que parecía cumplir con su cometido. Un recuerdo: el enigma de la ciudad es identificar de dónde viene ese olor a canela, regaliz y otros perfumes que viene de las dunas.

VINUESA (y alrededores)

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Un paseo: hay gente que va calle arriba y calle abajo, e incluso se desvía a veces por algún recoveco para ver las tiendas de productos regionales. El viajero recomienda agarrar una bicicleta y dejarse llevar por las carreteras (incluso por pistas, para los más testarudos) desde Vinuesa hasta cualquier pueblito cercano. Un restaurante: como vamos sin prisa y ligeros de equipaje, nos acercaremos hasta Molinos de Razón, donde el viajero, pese a un leve contratiempo gástrico debido a los calores del coche, saboreó primero unos vinagrillos en La Casona y luego un cochinillo asado que aún recuerda, y vaya que sí, en El Pajar del Tío Benito . Si no, siempre encontraremos algunas setas para aplacar el hambre. Una visita: la envidia no es ni mucho menos el pecado más notorio del viajero, que combate la gula con lujuria, pero en Vinuesa y alrededores hay unas casas, algunas de antiguos indianos y otras de nuevo cuño, que despiertan ese raro sentimiento que tiene el modesto trab...