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GALWAY

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Un paseo : Esta apacible ciudad portuaria y costera se transforma en verano, sobre todo cuando llegan las carreras y el Ladies Day , una especie de carnaval vestimentario y etílico. Cuando las calles están despejadas, el viajero tiene una caminata placentera por el centro, aunque también puede recorrer el paseo marítimo bien provisto de su impermeable y sus gafas de sol por si tiene un cambio de estación cada dos horas. Un restaurante : Con una oferta muy amplia, como corresponde a las ciudades balnearias, Galway City tiene la virtud de satisfacer el apetito de todos, ya sea goloso como en el Sheridans Cheesemongers , con sus vinos, quesos y charcutería, curioso, como en el hispano-irlandés Cava Bodega , con sus pinchos de autor, o tradicional como en The Dáil , donde la Chawder es un cuenco de salud para el viajero. Además, estos dos últimos tienen WiFi... Una visita : Algunos se atreven a entrar en el Museo del Claddagh , una joya algo sobrevalorada, pero el viajero pref...

DUBLÍN

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Un paseo: Llueva o sople el viento, que nadie deje de recorrer las calles de esta ciudad en cuyas calles siempre hay recodos por los que colarse y recobrar fuerzas con una cerveza local . Si se prefiere a pie por Temple Bar , fabuloso, porque puede ser una muestra de la ciudad tradicional. Pero si se quiere pedalear, la ciudad ofrece un servicio de préstamo de bicicletas muy eficaz. Otra opción es realizar una visita con los guías Sandemans , que no tienen precio pactado, pero sí mucho valor. Y si queremos volver a Dublín, hay que posar las manos sobre el busto de la generosa Molly Malone. Un restaurante: Una de las cosas que el viajero aprecia es poder comer de todo a cualquier hora, cosa que su endocrino le reprocha, pero un hedonista es como es. Dublín tiene esa opción, y por eso es difícil decantarse por un solo local, de modo que ahí van las propuestas: Nancy Hands , un pub de siempre con buenos precios y mejor cocina, y el delicioso Boxty House , donde nadie puede perders...

LUXEMBURGO

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Un paseo: Desde las múltiples panorámicas de la ciudad alta, el viajero es consciente de la tarea que tiene por delante en esta agradable ciudad. En el caso que nos ocupa, la ola de calor sahariano vino a invitarse a una fiesta, lo que hizo de la estancia toda una exótica aventura. Así pues, con buen ánimo se puso el viajero a caminar por el Grund , parando de vez en cuando para recuperar el aliento. Un restaurante: De tanto subir y bajar cuestas, el hambre y la sed hacen mella, pero soluciones hay para todos los gustos y bolsillos. Desde la Place d'Armes al Passage du Palais , el viajero podrá encontrar buena mesa. ¿Por qué no algo más modesto como una sabrosa pizza junto al río? Una visita: Dependiendo del gusto del viajero, la ciudad ofrece edificios de casi todas las épocas: modernos como los del cosmopolita barrio de Kircheberg , o más antiguos como las típicas iglesias medievales. No deberíamos olvidar tampoco los apacibles parques públicos . Pero tal vez por su...

CLERMONT-FERRAND

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Un paseo : La ciudad, resultado de un proceso volcánico tumultuoso, tiene su llanura central y sus cuestas, pero por lo general el caminante encontrará donde disfrutar de la calma "auvergnate". El barrio viejo destaca por una limpieza apreciable y una atmósfera mansa y con olor a productos locales. Si uno quiere salirse de la ciudad, disponiendo de tiempo, lo mejor es subirse al majestuoso monte Puy-de-Dôme , un viejo volcán que ha moldeado la ciudad y toda la zona. Un restaurante : Afamada por sus quesos, la región del Puy-de-Dôme -y toda la Auvernia- tiene una cocina para valientes y para amantes de los sabores tradicionales. Si el viajero es de esos, tiene una cita en el 1513 , un lugar del que se puede salir satisfecho como poco tras una truffade . Una visita : Pese al esplendor majestuoso de la catedral gótica, nada es comparable al infalible encanto de la basílica románica de Notre-Dame-du-Port , una joya que destaca entre las numerosas iglesias medievales...

JACA

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Un paseo: Para ser una localidad modesta, Jaca ofrece opciones muy variadas para descubrir tanto el espacio urbano como toda la Jacetania , de modo que el viajero elegirá según sus aptitudes y preferencias si desea visitar monumentos como la Ciudadela, pasear por las calles, muy bulliciosas en verano, acercarse a la fantástica estación ferroviaria de Canfranc o subir en el telesilla de Astún hasta los Ibones pirenaicos. Un restaurante: Tras haber comido sardinas a la parrilla en plena montaña, el viajero ya no podrá sorprenderse si encuentra otros manjares impropios de semejantes coordenadas. Pero si apuesta por la cocina de proximidad, que no deje de acercarse a Cobarcho , por sus migas, o al Mesón Serrablo , por unos cardos deliciosos. Una visita: Como la ciudad es menuda, no costará nada hacer una ronda de pequeñas joyas locales, alguna de ellas discreta maravilla del románico, como la Ermita de Sarsa , algo abandonada en su interior. Un recuerdo: El vi...

GLASGOW

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Un paseo: Sin saber qué encontraría, el viajero se internó en Glasgow y allí descubrió una ciudad bulliciosa y apta para vivir. Si bien el centro se presta a una caminata interesante, en los parques de la periferia se hallan las mejores escapadas verdes y urbanas, como el Pollok Country Park , que alberga la Pollok House y la Burrell Collection . De todos modos, allá donde vayamos, siempre habrá un remanso donde tomarse un refrigerio, como alguna iglesia reconducida al camino recto, como Cottiers . Un restaurante: La oferta de sabores es amplísima y, si se sabe elegir, cada paladar encontrará su plato, local o de las partes más exóticas del mundo. Se puede comer a cualquier hora o casi, de modo que no hay excusa para regalarse un placer. El viajero se regaló muchos, todo hay que decirlo, pero se llevó un grato recuerdo de un escondido restaurante, Stereo (que tiene su alternativa en Mono ), dentro de un edificio Art Déco muy simpático. Una visita: Un viajero urbano tiene q...

EDIMBURGO

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Un paseo: Ni las cuestas, ni la lluvia, ni el sutil acento escocés pueden con el encanto de esta ciudad, que le ofrece al viajero la ocasión de pasear en plena ciudad por un sendero de bosque oceánico como el Water of Leith . Si se prefiere una opción más urbana y pintoresca, entonces se sugiere un paseo por Grassmarket , donde una pausa con una pinta podría reponernos de tanta intensidad. Un restaurante: Contrariamente a lo que podría parecer, la cocina local tiene buenos exponentes en los innumerables restaurantes de Rose Street , donde, además del Haggis , hay buenos manjares escoceses, pero el viajero se coló en un modesto local, Smoke Stack , donde el buey y el salmón compitieron por ser los reyes del fogón, pero la batalla se la llevó el simpático mesero. Una visita: El imponente castillo de la ciudad podría restarle prestigio a todo lo que Edimburgo tiene, y además esa visita es cara y atropellada, por eso el viajero se decanta por la Scottish National Portrait Gallery ,...