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AVILÉS

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Un paseo : Cuando el viajero llegó a Avilés en un día soleado de marzo, que los hay, notó que la ciudad lo invitaba a caminar tanto por el sorprendente casco histórico como por sus jardines ingleses o, cómo no, junto a la ría, y todo le pareció delicioso. Un restaurante : Lo de comer bien en Asturias es una norma que se aplica especialmente en esta ciudad en la que no se puede eludir la cocina marinera, y cómo no, para eso Casa Lin es una referencia. Que nadie se marche sin probar el colosal pixín o las sublimes zamburiñas. Una visita : La ciudad se ensanchó gracias al Centro Niemeyer , que ofrece visitas guiadas por el interior, aunque por fuera también vale la pena dejarse caer, eso sí, con gafas de sol. Un recuerdo : Las ciudades industriales como Avilés tienen esa magia que convierte los humos en nubes y las nubes en recuerdos esponjosos.

MÁLAGA

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Un paseo : Un taxista le dijo al viajero que en Málaga no había nada feo, de modo que se lo puso muy difícil para elegir bien. Sin embargo, ya que las guías convencionales nos señalan los más frecuentados paseos peatonales del centro, nos quedaremos con una caminata matinal desde el Pompidou hasta el otro extremo, por la costa, donde todo es bonito. Un restaurante : Nadie se lo explica, pero en Málaga da ganas de comer a todas horas, y la oferta es variada, pues va de las tabernas más pintorescas, como el Pimpi , hasta los chiringuitos playeros, como el Gutiérrez . Elijan. Una visita : A pie o en taxi, subir al castillo de Gibralfaro y después a la Alcazaba tiene su precio, aunque también su premio. Pero si tenemos aspiraciones más modestas, nada mejor que descubrir las curiosidades arbóreas del Parque de Málaga , con especies raras y pintorescas. Un recuerdo : Seguramente nadie, salvo el viajero, pensaría en llevarse un paquete de cervezas de doble lúpulo de Arte&San...

LUGO

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Un paseo : La tranquila y casi peatonal capital lucense le ofrece al viajero todo lo que necesita para recordar que es posible despatarrarse en un banco y dejarse llevar por la indolencia. Aunque también se puede ejercitar dando uno o más rodeos por el paseo de la muralla romana , todo un premio para el caminante. Otra opción es bajarse al puente del Miño , pero ojo, luego hay que subir una cuesta... Un restaurante: Si el viajero se deja llevar por el renombrado sabor del pulpo , entonces no tendrá problema, salvo para elegir dónde. Y tampoco tendrá que buscar demasiado si quiere probar sabores locales de tierra y mar. Sin embargo, teniendo en cuenta que en Lugo se cultiva la sana y cívica aunque perdida costumbre de ¡poner tapas!, se recomienda hacer una ronda intramuros seguida de una ración por los bares más castizos. Una visita: Una ciudad menuda que se visita casi sin querer ya es en sí misma un punto de interés, y además tiene a tiro de piedra -una hora de carretera-...

OSLO

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Un paseo: Esta ciudad se visita a pie, lo que la convierte en un agradable destino, y las cuestas que la rodean se alcanzan con el tranvía. El viajero se siente cómodo en ciudades cosmopolitas y amables como Oslo, y envidia a veces la calidad ciudadana de sus habitantes. Por dentro y por fuera, la antigua Kristiania reúne cuanto se necesita para vivir cómodamente (tal vez el invierno sea algo duro). Si nos damos una vuelta en barco por su fiordo, comprenderemos lo que significa "estado de bienestar". Un restaurante: Que nadie se resista a probar el arenque , que es un plato inigualable lleno -creo- de omega 3. En muchos restaurantes lo ofrecen, pero el viajero recuerda el vistoso Ekebergrestaurante , con sus vistas sobre la capital, o el incomparable Engebret Café , con su primorosa terraza. Una visita: Si por algo vale la pena volar más de tres horas y hacer otra en la fila y soportar los empujones de los grupos de turistas y sus incómodos selfies, es por ver el m...

BERGEN

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Un paseo: La hanseática belleza de esta cuidad la convierte en un destino vacacional muy solicitado, pero pese a las hordas de turistas de crucero ávidos de ver fiordos , Bergen resiste por sus múltiples cualidades. Se recomienda visitar el puerto, cómo no, pero adentrándose después en las calles que lo rodean por la parte de arriba, con lo que se consigue perspectiva caballera e imágenes pintorescas de sus calles y casas típicas. En bici se hace, pero hay cuestas. Un restaurante: Los sabores del mar tienen un nosequé por allá, por eso el viajero recomienda rascarse el bolsillo un poco para paladear unos modestos mejillones. El restaurante Dickens se acerca a lo que uno exige. Una visita: Uno de los puntos fuertes de la ciudad es su sorprendente oferta artística, esencialmente reunida en las cuatro sedes del museo Kode , cuyas salas albergan joyas del arte del siglo pasado (Kode 3 y 4). Todo un regalo para la vista. Un recuerdo: En pleno bullicio mercantil, el mercado por...

TROMSØ

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Un paseo: Cuando el viajero llega al Ártico se imagina una estación polar llena de científicos barbudos y desaliñados, pero en  Troms ø, situado en una latitud 69º N reina un ambiente placentero de ciudad balnearia y turística con cierto parecido a la ciudad de la serie "Doctor en Alaska" (Northern exposure). Para una mejor apreciación, se recomienda subir con el teleférico. Un restaurante: Dado lo exótico de la visita, el viajero tendría que aceptar las especialidades locales y, salvo que tenga algún prejuicio, probar la ballena. En el hermoso -y caro, ojo- restaurante Lotus se esmeran en servir como es debido al visitante hambriento, al que le ofrecen incluso vino de otra latitud. Una visita: El atractivo de estas lejanas tierras es ver su cielo, en julio por su sol de medianoche -salvo que esté nublado-, y entre octubre y abril por sus auroras -salvo que no haya tormentas solares o esté nublado-. También se organizan excursiones para avistar cetáceos -salvo que l...

ÅLESUND

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Un paseo: Enclavada en un paraje singular, la ciudad ofrece, además de su naturaleza incomparable, un casco urbano más que atractivo donde predomina el Art Nouveau en su variante nórdica, el Jugendstil, que se impuso tras la reconstrucción de principios del siglo pasado. Si el viajero se atreve con una subida de peldaños y curvas, la vista desde el mirador de Aksla es recomendable. Un restaurante: Aunque cuenta con una razonable oferta hostelera, al viajero le encantará dejarse llevar por el impulso de disponer un mantelito sobre un merendero y allí degustar productos locales frente a un paisaje único. Una visita: Obligado es el paso por una galería, el Jugendstil Senteret , decorado como una antigua botica en su recepción y con una colección de modernismo más que aceptable. Un recuerdo: El viajero se va de ciudades así con la sensación de haber visitado tierras lejanas para las que no es necesario ningún lastre, así que se llevará de  Ålesund una  lección: no e...