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CAEN

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Un paseo : La ciudad es para volver, no hay duda. Si es invierno, abríguense bien, pero no dejen de dar cuatro pasos junto al puerto de recreo que se han construido estos singulares normandos cuyo departamento lleva el nombre de un elixir como el Calvados , nada menos. También se puede entrar en la Abadía de los Hombres , así, tal cual. Un restaurante : La sorpresa de ver bares y restaurantes llenos llenó de dicha al viajero, aunque en algún caso hubo de contentarse con algo más modesto de lo que pensaba. Atentos pues a la reserva en algún figón relevante como L'R de Rien , porque si no acabaremos picando... Una visita : No para compensar sino por su valor y encanto, el viajero debería dejarse caer por la Abadía de las Damas , sobre todo al atardecer, cuando todo está oscuro. No se arrepentirá. Un recuerdo : Ciudad jovial y acogedora, Caen le brinda al viajero la ocasión de perderse por callejuelas en las que nadie mira y todos sonríen...

KARLSRUHE

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UN PASEO : Industriosa ciudad que no deja de crecer y de hacer obras para seguir ensanchándose, tiene sin embargo un lado apacible en los alrededores del Castillo , especialmente un parque donde es fácil olvidarse del tiempo. El jardín botánico y el propio edificio merecen la pena como marco de nuestro caminar ocioso en una ciudad de 300 años trazada según un plano ordenado. UN RESTAURANTE : La cocina alemana meridional se asemeja al cliché que a veces nos cuentan, pero es mejor acercarse a esa gastronomía para apreciar una dieta equilibrada pese a lo contundente. El viajero no dudó en enfrentarse al estereotipo y quedó fascinado en Der Vogelbräu , una cervecería de gente local. UNA VISITA : Indispensable para los amantes de los edificios industriales reconvertidos en museos y centros de exposición, el ZKM fue la sorpresa para el viajero, que habría querido quedarse más tiempo. Atención, se ofrece fruta fresca a los visitantes. ¡Maravilloso! UN RECUERDO : Acostumbra...

BADEN-BADEN

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UN PASEO : La atmósfera entre cosmopolita y decadente de la ciudad invita a hacer un viaje en el tiempo en que cabezas coronadas, artistas y bohemios se jugaban la fortuna y el honor en el Casino y se curaban los dolores en el Balneario . Si no queremos subir ver panorámicas, se recomienda una caminata por Lichtentaler Allee . UN RESTAURANTE : Aunque la ciudad ofrece menús escandalosamente caros, el viajero no debería dejar de probar alguna delicia local, modesta pero inolvidable, como el Zwiebelkuchen , una tarta de cebolla que en el restaurante Bierbrunnen saben hacer muy bien. UNA VISITA : Los admiradores de las viejas glorias de la literatura o la música tienen que pasarse por el Casino y apostar a todo o nada. El Casino ofrece visitas guiadas muy educativas y sorprendentes. Si no nos tienta la suerte, entonces podemos adentrarnos en el balneario de aguas termales de Caracalla , aunque solamente sea para respirar el aire húmedo de las termas. UN RECUERDO : Es no...

LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

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Un paseo : La afortunada metrópoli canaria tiene para todos los gustos, y así veraneantes de sol y playa podrán tostarse junto al mar, mientras que los viajeros más exigentes podrán además descubrir múltiples rincones interesantes, como el acogedor barrio de Vegueta , una joya para el caminante. Un restaurante : Los paladares inquietos tienen aquí ocasión para añadir nuevos sabores a sus papilas, y no solamente con las sabrosas papas , sino especialmente con los peces del océano, como la vieja, el abae o la sama, trinidad litoral del restaurante La Marinera . Un visita : Una sorpresa más para el viajero curioso fue el acuario Poema del Mar , pero lo que más le llamó la atención fue la diversidad de fachadas y patios, tan variados y coloristas, que abundan por la ciudad. Meterse en el Gabinete Literario es viajar a otro tiempo. Un recuerdo : El viajero estepario que huye de los calores peninsulares nunca olvidará esa brisilla que le permite dormir sin desvelos ni pesadilla...

TORDESILLAS

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UN PASEO : Las ciudades castellanas como  Tordesillas son, en verano, calurosas y desiertas, e invitan a echarse una cabezada hasta que refresque, pero el viajero no debe temer nada, ya que es mejor callejear mientras los demás sestean. La plaza, tan pintoresca, será el punto de partida, y el poderoso Duero una fresca escala en cuyas playas mojarse los pies. UN RESTAURANTE : Quien busque cordero, plato local de gran fama, lo encontrará, y del bueno, pero el viajero, de paladar imprevisible, se dejó tentar por el pez de la Meseta, el balacao, y lo probó al pil-pil... El restaurante La Lonja es desde entonces el templo bacaladero de Castilla.   UNA VISITA : Huyendo del tórrido sol y tras opíparo almuerzo, el viajero entró por casualidad en el Monasterio de Santa Clara , y lo que allí vio más parecía encantamiento que realidad, pero no, Tordesillas no dejaba de maravillar. Otra sorpresa más para la agenda. UN RECUERDO : Contagiado por esa atmósfera irreal, el viajer...

SOMIEDO (Pola y sus pueblos)

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UN PASEO: Si se trata de pasear, Somiedo lo tiene todo para quien no le teme a las pendientes, ni a la niebla, ni al calor, ni a nada. Las sendas están bien señalizadas y la información sobre las rutas es precisa. El consejo que da el viajero es que se vaya pasito a pasito gozando de un paisaje único. Será como estar en las nubes, literalmente. UN RESTAURANTE: Una curiosidad de la zona es que en cualquier rincón se encontrará el viajero una buena mesa. La de Casa Cobrana reúne cantidad y calidad, por eso el viajero la recomienda, especialmente su cachopo de setas. UNA VISITA: Todo el parque natural es una visita constante, desde sus lagos hasta sus construcciones ancestrales, las brañas , que nos encontraremos por todas partes. UN RECUERDO: El viajero urbanita tuvo la sensación de que tanto esplendor campestre le hacía ver cosas que solamente son posibles en la naturaleza. El caballo de Pippi

LUARCA

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UN PASEO: Aunque escarpada, la ciudad merece el esfuerzo del desnivel, ya que desde arriba se goza de unas vistas inmejorables, pero la parte baja no es menos interesante. En suma, en Luarca el viajero gozará a cada paso del regalo que le espera. UN RESTAURANTE: El ajetreo da hambre, y la buena comida compromete al viajero, que quisiera comérselo todo, pero es imposible. Aunque el nombre del restaurante pueda confundir, el Báltico es un ejemplo de cocina asturiana, tanto de costa como de interior, y a un precio insuperable. UNA VISITA: Si el pote ha vencido nuestra arrogancia, es bueno tomárselo con deportividad y aplacar ardores acercándose al Puente del Beso , un modesto rincón para apaciguarse escuchando leyendas de corsarios. UN RECUERDO: El viajero no olvidará jamás que, pese a las condiciones variables de presión atmosférica, humedad y temperatura, Luarca es un puerto de paz.