GRANADA
Un paseo: sin ninguna duda, yendo por el Paseo de los Tristes y por el río Darro se siente uno muy a placer. Hay mucha gente, pero el viajero madrugador sabe para qué vale el esfuerzo de renunciar a un ratito más.
Un restaurante: todo el mundo conoce gente que ha comido en restaurantes en esta ciudad, y no se les puede reprochar tal decisión porque la oferta es fantástica, pero al viajero slow se le recomienda tapear sin rumbo, y cuando el viento nos lleve al la taberna El Garnatí, se sabrá por qué.
Una visita: hay en esta ciudad varios maestros guitarreros que, si nos mostramos amables e interesados, nos dejarán pasar al taller e incluso sacar unas fotos. Algunas ventanas están abiertas y se puede cotillear desde la calle.
Un recuerdo: el turista slow se llevará tantas imágenes en la memoria que tendrá que acordarse de volver de vez en cuando a Granada, porque no basta con una mañana.
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