lunes, 21 de julio de 2014

GLASGOW

Un paseo: Sin saber qué encontraría, el viajero se internó en Glasgow y allí descubrió una ciudad bulliciosa y apta para vivir. Si bien el centro se presta a una caminata interesante, en los parques de la periferia se hallan las mejores escapadas verdes y urbanas, como el Pollok Country Park, que alberga la Pollok House y la Burrell Collection. De todos modos, allá donde vayamos, siempre habrá un remanso donde tomarse un refrigerio, como alguna iglesia reconducida al camino recto, como Cottiers.
Un restaurante: La oferta de sabores es amplísima y, si se sabe elegir, cada paladar encontrará su plato, local o de las partes más exóticas del mundo. Se puede comer a cualquier hora o casi, de modo que no hay excusa para regalarse un placer. El viajero se regaló muchos, todo hay que decirlo, pero se llevó un grato recuerdo de un escondido restaurante, Stereo (que tiene su alternativa en Mono), dentro de un edificio Art Déco muy simpático.

Una visita: Un viajero urbano tiene que prestarle mucha atención al entorno, porque así descubrirá cosas útiles para la vida. En Glasgow hay cosas imprescindibles como la obra de un admirable arquitecto, Charles Rennie Mackintosh, cuya obra puede visitarse detenidamente. El viajero propone la impresionante House for an Art Lover, para quienes se han cansado de tanto castillito.

Un recuerdo: Tras tanta sorpresa, el viajero no tenía fácil llevarse un único recuerdo, pero nunca olvidará el momento en que montó por primera vez en el original y práctico metro de Glasgow.

EDIMBURGO

Un paseo: Ni las cuestas, ni la lluvia, ni el sutil acento escocés pueden con el encanto de esta ciudad, que le ofrece al viajero la ocasión de pasear en plena ciudad por un sendero de bosque oceánico como el Water of Leith. Si se prefiere una opción más urbana y pintoresca, entonces se sugiere un paseo por Grassmarket, donde una pausa con una pinta podría reponernos de tanta intensidad.
Un restaurante: Contrariamente a lo que podría parecer, la cocina local tiene buenos exponentes en los innumerables restaurantes de Rose Street, donde, además del Haggis, hay buenos manjares escoceses, pero el viajero se coló en un modesto local, Smoke Stack, donde el buey y el salmón compitieron por ser los reyes del fogón, pero la batalla se la llevó el simpático mesero.
Una visita: El imponente castillo de la ciudad podría restarle prestigio a todo lo que Edimburgo tiene, y además esa visita es cara y atropellada, por eso el viajero se decanta por la Scottish National Portrait Gallery, una sala de exótica arquitectura y atmósfera apacible.
Un recuerdo: El viajero admite que el buen tiempo del que disfrutó durante su estancia no es el habitual, pero incluso con lluvia, esta ciudad no se olvida. Así, tras dudar entre la pertinaz gaita, el whisky, las faldas y el resto del imaginario popular, el mejor recuerdo sería el humilde símbolo de Escocia.

LUGO

Un paseo : La tranquila y casi peatonal capital lucense le ofrece al viajero todo lo que necesita para recordar que es posible despatarrars...